Federico

Iwakawa.

Documentary Photography

Abdelmageed

Con una voz grave pero amigable, Abdelmageed responde al portero eléctrico de su edificio, ubicado en un barrio residencial de Toulouse. El joven sudanés de casi dos metros y mirada sincera me abre la puerta de su edificio seguido de un apretón de manos y una sonrisa. Al entrar, un riquísimo olor a especias me da la bienvenida; la noche anterior cenó en su casa con un grupo de amigos para festejar el fin de los parciales.

Mageed (como sus amigos lo llaman) me invita con un café con jengibre y me hace sentar en su sofá, el mismo que sirve como cama para quien lo necesite. Su departamento está decorado como el de cualquier estudiante: dos globos de su cumpleaños número 28 desinflándose junto a unas fotos de estilo polaroid, una pizarra blanca para escribir lo que no se debe olvidar y un póster con el famoso discurso de Martin Luther King (“I have a dream”).

Mageed trabajaba como profesor de inglés. Era voluntario en una asociación que ayuda a las personas afectadas por la guerra y por las noches conducía un taxi en El Fasher, capital de la provincia de Darfur. La crisis económica actual que sufre el país, sumada a una guerra civil que ha causado más de trescientos mil muertos desde 2003, obligó a Mageed a dejar Sudán. “Mi país siempre estuvo en guerra”, me cuenta mientras bebe un sorbo de su café.

En un primer momento se instaló en Libia en busca de trabajo. Cuando le pregunté a qué se dedicaba, su respuesta fue: “lo que sea”. “Viajar a Europa no estaba en mis planes, sabía que cruzar el Mediterráneo no era una buena idea, pero no tuve alternativa…” Llegó a Italia en agosto de 2016, luego pasó por Niza, París y Cahors hasta instalarse finalmente en Toulouse.

Las cosas parecen irle mejor desde que vive en la “ciudad rosa”. Rápidamente pudo conseguir su estatuto de refugiado y trabaja a tiempo parcial como repartidor. En 2019 comenzó una maestría en Gestión de la Crisis en el Instituto de Estudios Políticos, con el objetivo claro de volver a África para trabajar en misiones humanitarias.

Es hora de almorzar. Mientras Mageed calienta las sobras de la noche anterior, observo las fotos que decoran su departamento y veo la misma chica que se repite una y otra vez. “Estoy saliendo con ella y pronto nos comprometeremos”.

© 2019 Federico Iwakawa