Federico

Iwakawa.

Documentary Photography

Othman

Las ollas humean y el sol de invierno entra por la puerta trasera de la cocina que ocupa hoy la asociación Saveurs d’Exil (“Sabores de exilio”). Una decena de chefs, cada uno en su tarea, preparan los platos que van a componer el menú del próximo evento. Uno de ellos es Othman, de 28 años, estatura media y una enorme sonrisa que contagia de buen humor a todo el equipo.

 

En 2019 Othman recibió dos propuestas de trabajo: un empleo de tiempo completo en un restaurante de comidas rápidas y 25 horas semanales en la asociación local donde él ya era voluntario. Sin pensarlo mucho, eligió la última. Saveurs d’Exil propone un servicio de restauración realizado por personas exiliadas y para beneficio de las mismas. “Me hace feliz ayudar a personas que se encuentran en la misma situación que yo me encontraba”. La tarea de Othman es aconsejar a personas migrantes que acuden a la asociación en busca de ayuda administrativa. A su vez, trabaja como mesero y responsable de caja en cada evento.

Othman es sudanés, pero como muchos africanos del Este y del Cuerno de África pasó gran parte de su vida en Arabia Saudita, país que tuvo dejar al perder su permiso de residencia. Desde entonces se vió obligado a migrar en repetidas ocasiones. En un primer momento decidió volver a su país natal, donde se encontró con los fuertes enfrentamientos del pueblo sudanés contra el régimen del dictador Omar al Bashir. La brutal represión de las fuerzas del orden lo hizo huir a Chad. Una vez en el país vecino, inició sus trámites migratorios, solo para recibir una respuesta negativa dos años más tarde. El estado chadiano canceló todas las demandas de residencia luego de los atentados terroristas de 2015. Fue entonces cuando decidió emprender su última odisea, esta vez rumbo a Europa.

Como la mayoría de estas migraciones, el viaje de Othman hacia y en Europa no fue fácil. “Si lo tuviese que hacer nuevamente, no sería capaz de hacerlo”, me cuenta sentado en su cama, bajo una gran bandera francesa que guarda desde la última Copa del Mundo. Luego de un gran recorrido por Italia y Francia, consiguió finalmente su estatuto de refugiado.

Poco a poco la rutina de Othman se fue llenando de actividades. Primero como voluntario en asociaciones, luego con su trabajo y ahora también como alumno en la Universidad de Capitol donde estudia francés veinte horas por semana. Un buen manejo de la lengua le permitirá en un futuro continuar sus estudios. Como ha escrito en su cuaderno de clases: “Yo no soy mi pasado, sino lo que elegí para mi futuro”.

© 2019 Federico Iwakawa